¡Como si hubieran pasado siglos desde la última vez, cuando hace apenas unos días él la había invitado a regañadientes a servir de escudo!
Bella estaba a punto de preguntarle a Carlos qué hacía allí cuando Clara, sonriendo, la saludó: —Bella, ven y siéntate aquí.
Bella se sentó junto a Clara y esta le informó: —Señor Sánchez acaba de llegar también. Pensé que como ya ibas a venir, no era necesario avisarte.
Nunca llueve a gusto de todos.
Bella miró a Carlos y dijo: —Señor Sánchez, ¿a qué se