Bella también miraba a Pedro.
Él tenía un semblante serio, con una mirada que dejaba entrever cierta expectativa.
Pedro nunca se había disculpado con ella, ni tampoco había mostrado una actitud tan humilde frente a ella.
Un sabor agridulce se apoderó del corazón de Bella.
Ella siempre había pensado que ya no sentiría nada por las palabras de Pedro.
Ni siquiera se conmovería por su deplorable culpa y renuencia.
Pero en ese momento, aún sentía amargura.
Era como una herida de la infancia, esperand