Deirdre nunca sabría cuánto le dolió a Brendan verla refugiarse en un rincón como un cachorro al que intimidan. Se sintió como si le estuvieran partiendo el corazón en dos con la mano desnuda de alguien.
La rabia, y su impotente ignorancia, ante el tipo de abuso que había sufrido la mujer que amaba corría por sus venas y animaba cada fibra de su cuerpo. ¡Cómo deseaba ser él quien sufriera en su lugar!
El dolor de su fuerte beso permaneció en los labios de Deirdre. Estremecida, dijo temblorosa