La escena clavó a Brendan en los ojos como espinas. El aire asesino empezó a agitarse a su alrededor como el inicio de una explosión nuclear. Golpeó los barrotes con la mano y gritó: "¡¿Qué coño estoy viendo?!".
La cara del alcaide se puso tan blanca como una sábana. Sabía muy bien de qué se trataba: acoso entre reclusos. Lo que no esperaba era que Brendan se diera cuenta en el momento.
Su ronco alboroto despertó a las reclusas. Cuando vieron quién era, sus mentes se quedaron en blanco. ¡No t