Un cubo de agua helada le fue vertido por toda la cara. Deirdre se quedó boquiabierta.
Se dio cuenta de que no podía moverse, pues tenía las extremidades atadas.
La mujer que la había despertado la examinó. El asco se desprendía de sus palabras. "¡Ay! ¿Qué demonios? Ya es bastante malo que parezca una película de terror. ¡Está demasiado delgada y frágil incluso para satisfacer a un cliente! Te lo juro, el señor Brighthall es increíble".
Alguien se apresuró a apaciguarla, diciendo: "Bueno, se