Los ojos del hombre brillaron ante la sugerencia, pero en un abrir y cerrar de ojos, su vacilación lo detuvo. "La señora Rouge me dijo que no te lo quitara nunca, cariño...".
"E-Está... bien... Quítamelo... B-B-Bésame...". Deirdre balbuceaba entre una espuma sanguinolenta. Su voz temblaba, pero para los oídos de un hombre de sangre roja en llamas, era como si estuviera maullando de bienvenida.
Tenía una voz tan meliflua. Un cuerpo ágil y tan fino que su aspecto debía reflejarlo, aunque no pare