El rostro de Hoyt seguía tenso cuando salió de la tienda. Preocupada, Deirdre le preguntó: "¿Estás bien?".
Él se secó un poco el sudor de la cara y dijo con timidez: "Lo siento mucho, señorita McKinnon. La idea era comprarte algo de ropa, pero acabé arrastrándote a nuestro drama y te hice ver toda esa... apestosa vergüenza".
"Tonterías", respondió Deirdre tranquilizadora y le dedicó una pequeña sonrisa. "No hubo nada vergonzoso en ello. Así son las relaciones, dramáticas y complicadas".
Así c