Terminaron en la cocina.
Aquí era donde vivía la conversación, había descubierto ella; en las cocinas, los lugares donde la gente hacía algo con las manos, donde la actividad del espacio le daba a la honestidad un lugar a donde ir.
Él abrió el refrigerador y lo miró con la expresión específica de un hombre que se enfrenta a la evidencia de sus propias buenas intenciones y limitaciones prácticas.
-Tengo comida —dijo—. Una cantidad significativa de comida. La compré con la intención de cocinar y