La caja se quedó en la esquina de su piso durante tres días antes de que la moviera.
No era grande — dos años de vida profesional compactados en una caja de cartón estándar con su nombre escrito en el lateral con la letra del guardia de seguridad, las letras ligeramente irregulares, el bolígrafo habiéndose quedado sin tinta. Él mismo la había sacado del edificio, lo cual era la indignidad específica de ello, el peso de ella en sus brazos a través del vestíbulo mientras la tarde continuaba a su