El restaurante se había vaciado a su alrededor sin que Bianca se diera cuenta.
En algún momento, el público de la cena se había diluido en mesas dispersas y conversaciones tranquilas. Las velas ardían más bajas. Las copas captaban el brillo ámbar de las luces del techo. Afuera, Londres se movía tras las ventanas en cintas de faros reflejados y pavimento resbaladizo por la lluvia.
Alonzo estaba a la mitad de una historia sobre un intento desastroso de armar muebles sin instrucciones.
-…y ahí fue