Ella lo notó un miércoles.
No por primera vez —eso era en lo que seguía dando vueltas, sentada ante su escritorio con los expedientes de la tarde abiertos frente a ella y el café enfriándose a su lado—. No por primera vez. Había habido algo en los límites de la última semana que no había sido capaz de nombrar, una cualidad en el aire a su alrededor que había estado descartando como cansancio, como el zumbido residual de todo lo que el último mes había contenido, como la sensibilidad especialme