Recuerdo a la perfección mi pensamiento de que no podría huir toda la vida.
Aún así, no pensé que no tendría la posibilidad de huir tan pronto.
Supongo que la vida siempre estará del lado de estos seres masculinos, en especial de los desgraciados infieles como Han Emris.
—Catherine Castillo para usted. —Hable endiablada, casi gruñendo como un perro con rabia.
—No parece que hoy esté dispuesta a dejarme hablar.
—El cielo se va a caer ahora que un hombre logró tener la razón. —Pose mi mano en su