Capítulo Dos
—Voy a necesitar lubricación extra para esto.
Lo escuché decir con voz rasposa detrás de mí, mientras frotaba su polla perezosamente contra mi ojo del culo.
—De rodillas —ordenó.
—¿Qué? Yo...
Me jaló fuera del sofá y caí al suelo; la alfombra me quemó las rodillas mientras me quedaba mirando sus zapatos lustrados.
Agarró un puñado de mi cabello y me jaló la cabeza hacia atrás. —Abre.
En cuanto lo hice, se me metió en la boca sin esperar permiso. Tampoco es que lo necesitara, me ha