En el estudio, Fabio me miró con una sonrisa algo burlona.
—Manuela, deja de fingir —dijo.
Hice como que tenía miedo, encogiéndome de hombros con un aire inocente.
—Papá, ¡tengo mucho miedo! —exclamé.
Armando le dijo a Fabio en un tono de voz baja y seria: —¿Qué es lo que significa eso?
Fabio rió con mucha destreza antes de responder: —Armando, eres tan inteligente… ¿No te das cuenta de que hay algo raro con tu hija?
—Fabio, di lo que tengas que decir sin rodeos —replicó Armando, sin cambiar su