Lara sentía su cuerpo demasiado liviano para ser real. Ya no había dolor ni contracciones. Nada. Simplemente una tranquilidad avasalladora que para nada le gustó y le forzó a abrir los ojos rápidamente. Y la imagen que encontró le pareció tan familiar que alzó una ceja.
-No esto de nuevo- suspiró, y como si una fuera costumbre ni siquiera se tocó la barriga, porque en esta no se encontraría nada más que su abdomen plano- Bueno, mientras mi suegrito querido no me entierre una garra de nuevo en l