El ruido atormentaba su cabeza. Un pitillo atormentador le quitaba el aliento y la hacía sentir mareada. Lara jadeó abriendo ligeramente los ojos con tanto esfuerzo que se agotó, sintiendo un dolor en todo su cuerpo que apenas se podía mover del suelo. Allí estaba, rodeada de escombros por todos lados, cristales, algunos de ellos que habían roto la tela de su ropa y atacado su piel.
Todo palpitaba, y se desvanecía delante de ella obligándose a no perder la conciencia de nuevo.
Hizo un esfuerzo