Lara estaba sentado en una mesa baja rodeada de libros. Delante de ella estaba extendida una hoja llena de preguntas y un pincel y un contenedor de tinta a su derecha. Frunció el ceño cuando su estómago gruñó. No había desayunado y ella era una persona que tenía que comer por dos, pero aquella mujer le había dicho que debía haberse levantado más temprano porque el horario de estudio no se podía violar. Suerte para ella que todo lo que estaba escrito en el papel se lo sabía, podía decir que habí