Un mes. Solo faltaba un mes para que los ojitos chiquiticos y hermosos que de seguro tendría su cachorro la miraran y ella llenara su rostro de besitos. Porque sí. Lara ya tenía 8 meses cumplidos.
Y a pesar de tener un peso adicional y humedad en el pecho, los pies que se hinchaban hasta por gusto. Incómodos dolores de espalda, cambios absurdos de carácter, ella amaba su abultada panza y la vida que crecía dentro de ella.
Pero ese día no estaba tan emocionado por ello. Había dos cosas que ocupa