El frío fue lo primero que sentí al cruzar el portal. No era un frío común, no ese que te eriza la piel y te hace buscar abrigo, sino un frío peligroso que te advierte, que te pide que huyas sin mirar atrás, que parecía meterse directamente en los huesos y que no te permite avanzar. El bosque se extendía frente a nosotros, los árboles altos y densos apenas dejaban pasar la luz de la luna, el aura oscuro, la tensión y los nervios que se apoderan de ti al estar en este bosque solo indican porque