Capítulo 48

Kurt

Las cadenas quedan sujetas en ambas manos, tiran de estas y al ser levantado el combustible chorrea por el asfalto corriendo libremente hasta mi sitio en donde juego con el encendedor en tanto su mirada horrorizada me anima a seguir.

Me gusta que me teman aunque sea poco para mi gusto, me fascina el terror, ese gesto en el rostro de saber que no pueden correr o alejarse de mi sanguinariedad. Ese temblor que sueltan como una toxina alucinógena que me encanta provocar.

Se sacude, su cabeza
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