Mundo de ficçãoIniciar sessãoSujetaba la mano lánguida y fría de mi abuela mientras ella se esforzaba por mantener los ojos abiertos, así llevábamos más de dos horas.
—Yaya, puedes dejar de sufrir.—supliqué con la mirada emborronada por las lágrimas.—Por favor, descansa.— me dolía verla así, hablo de un dolor físico y real, una especie de tensión ardiente a lo largo de todo mi cuerpo que resultaba asfixiante.
Tomó una bocanada de aire más, llevaba demasiado tiempo pasándolo mal, ella no se lo merec







