Después de esa grata advertencia me despedí nuevamente de todos subí a mi auto y enfilé mi viaje a mi segundo destino. La casa de mis padres.
Con un nudo en el estómago me bajé del auto al estar frente al porche de la casa, como pocas veces mi madre no estaba esperando y eso me resultó extraño, pero lo dejé pasar y toqué la puerta como cualquier cristiano.
—¡Tío!—el abrazo que recibo de Dani después de abrir la puerta me devuelve un poco de la energía que siento que perdí con los hermanos Scott