Scott
El guardia llevó la maleta de Jace de vuelta después de que finalmente lo convencí de quedarse. Caminamos por el pasillo en silencio, con la tensión espesa entre nosotros. Cuando llegamos a la sala, nuestros ojos se posaron en Thomas, recostado como si fuera el dueño del lugar, con las piernas cruzadas y los brazos descansando perezosamente sobre la silla.
—Ah. Le contaste a tu hermano —dijo sonriendo, como si le divirtiera.
—¿Tienes algún problema con eso? —preguntó Jace con frialdad.
Th