No pude evitar suspirar: —Eres como mi hermano mayor, ¡me mimas tanto que puedo ignorar por completo los asuntos de la empresa todo el día! Puedo echarte la culpa de todas mis travesuras. De hecho, si fuera yo quien dirigiera la empresa, ¿quién sabe en qué estado estaría ahora? ¡Habría arruinado todo mil veces!
Dije medio haciendo pucheros: —Contigo, hermano mayor, todo es diferente. Puedo delegar responsabilidades y relajarme, pero no olvides nuestra promesa. ¡No puedes dejar la empresa!
Me mir