Vi que todos estaban disgustados, pero seguí mirándole a Hugo con calma: —… ¿Qué sucede?… ¿Dije algo mal?
Pensé para mí misma que Hugo era como un camaleón, cambiando de actitud demasiado rápido.
Quinto, al ver la expresión oscura de Hugo, se apresuró a cambiar su tono: —María, te has pasado. Estamos en Tormida, no en tu ciudad Fluvial. No deberías...
Antes de que pudiera terminar, Hugo golpeó la mesa de repente: —¿Quién te crees que eres? ¿Tienes el derecho de hablar aquí? ¡No te hagas el resp