Al escuchar sus palabras, el rostro de Hernán se oscureció visiblemente. Me miró con una feroz determinación y espetó: —¿Qué más tienes que decir?
—¿Qué más puedo decir? Ella sabe muy bien lo que está en juego. Y tú también deberías— Lo miré sin miedo, sosteniendo su mirada—. Los malos actos siempre salen a la luz, deberías haberlo previsto.
Nunca imaginé que Sofía tendría el descaro de estar presente cuando me rescataron.
La madre de Hernán captó lo que quería decir. Me miró y preguntó: —María,