El hombre me mantenía controlada con una mano mientras sostenía el control remoto con la otra, observando a Patricio acercarse rápidamente, seguido por un grupo de hombres armados que se alineaban en formación de abanico, rodeándonos.
Intenté con todas mis fuerzas liberarme del agarre del hombre, mis ojos buscaban a Patricio.
Pero el hombre, llevándome consigo, retrocedía paso a paso hacia el borde de la azotea, su emoción claramente elevada: —Ja... señorito Alvarez, qué oportuna su llegada. Ya