Patricia, con su voz fluyendo con satisfacción detrás de mí, dijo: —¡Ay! Gracias, no tuve otra opción. Tengo que asumir la responsabilidad de revitalizar la compañía, siendo una de las accionistas. ¿Qué otra opción me quedaba?
Su tono insinuaba que había sido forzada a tomar el control de Wharton, lo que me hizo pensar interiormente en lo desvergonzada que era esta mujer.
—Es su habilidad lo que destaca. Oí que Hernán y su esposa han estado involucrados en muchas actividades ilegales. Quizás los