Hasta que la fiesta terminó y Máximo se fue, todo volvió a la normalidad. Fue entonces cuando tuve la oportunidad de hablar a solas con Valeria.
Valeria me miró y, sonriendo, me preguntó: —¿Te asustó todo este espectáculo?
Le lancé una mirada y, recostándome relajadamente en el sofá, le dije medio en reproche: —¡Esto es por tu culpa, ni siquiera me consultaste! No estaba preparada para esto, me puso muy nerviosa, y además el tío...
—¿Cómo llamas a mi papá?— ¡Valeria me recordó!
Sacando la lengua