Cuando me desperté, me encontré acostada en una cama de la sala de emergencias. Todo estaba como siempre, y el dolor abrumador que me atormentaba antes había desaparecido por completo.
A mi lado, sólo estaba un preocupado Patricio. Parecía que él me había llevado al hospital. Mi repentino problema de salud lo debió haber sobresaltado, lo cual me hizo sentir un poco apenada.
—¿Te asusté, verdad? Lo siento —le dije, sonriendo incómodamente—. Siempre te las arreglas para verme en mis momentos más v