—¡No te compares con Sofía! Ella no entiende las cosas, ¿por qué insistes en competir con ella? —Hernán mostró una expresión de frustración.
—¡Lo siento! Puedes tolerarla, pero yo no tengo la obligación, y no pienso competir con ella. ¡No confundas! —detuve las palabras de Hernán—. Hoy llevé a tu madre al hospital, no pienses demasiado. Solo quiero asegurarme de que no tenga ninguna molestia que afecte a mi hija.
—¡Ah, cierto! ¿Y dónde está Dulcita? —solo en este momento recordó preguntar por Du