Cuando Víctor llegó, se mostró genuinamente feliz al ver a su esposa e hijo disfrutando en mi casa. El pequeño jugaba alegremente, y su risa llenaba el ambiente. Víctor me saludó cortésmente: —¡Señorita Lara! Disculpe la molestia.
Luego, saludó a mis padres y compró algunos snacks para Dulcita.
La cena transcurrió en un ambiente de alegría y comunión. Se notaba que Ana se sentía aliviada. Después de comer, ella tomó la iniciativa de jugar con los niños. Mis padres, percibiendo que Víctor y yo te