Mis ojos se clavaron en él, invadidos por la duda. ¿Sería posible que él también me hubiera engañado?
Parecía que, en todo el enigma armado por Patricio, la única que debía ser mantenida en la oscuridad era yo. Como si siempre hubiera sido una pieza en este juego, hábilmente manipulada y controlada, y a pesar de mi confusión y pánico, impedida de saber la verdad.
Josh, quizás intimidado por mi mirada, torció ligeramente la boca y dijo: —¡Señorita Lara!
Desperté de mis pensamientos y retiré la mi