En los días siguientes, siempre que tenía tiempo, Patricio venía por las noches a acompañarme, justo después de que Dulcita se durmiera. Parecía calcular su tiempo con precisión.
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Me preguntaba por qué no había noticias de Hernán, como si hubiera desaparecido de mi vida de repente, un silencio repentino que me hacía sentir incómoda.
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Sin embargo, no me atrevía a preguntarle a Patricio, porque sabía que se burlaría de mí.
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Las cosas en la empresa se