Parecía que subestimé mucho a Mariana antes. Pensé que era muy inocente.
La gente de Boreal no era para nada inocente, todos los que conocía eran así.
Esa fuerza inexplicable que me impulsaba, clara como el agua en mi percepción, me hacía sentir atrapado.
Todo el camino estaba mareado. Me pellizqué la pierna para despertarme.
Llegué a casa justo cuando mi mamá acababa de traer a Dulcita. Ella me vio entrar y corrió hacia mí, emocionada, exclamando: —¡Mamá, hoy llegaste muy temprano! ¡Mamá, tío m