Aunque en ese momento sentía una impotencia nunca antes experimentada, me esforzaba por contenerme, aparentando calma.
¿Ya entendía claramente lo que Mariana quería expresar?
Pero no podía revelar mis pensamientos ante ella. En ese instante, comprendí con absoluta certeza que Mariana no era una persona ingenua. Desde el primer día que la vi, estaba poniéndome a prueba.
Al verme mirarla impávido, mostró sorpresa y preguntó: —María, ¿acaso crees que esto es normal?
Di un sorbo al café, pero tenía