Estela estaba parada allí, mirándome y esperando mi decisión. Le lancé una mirada y dije: —¡Entonces, vamos a ver! ¡Todos son bienvenidos!
Mis palabras provocaron una sonrisa complacida en Estela. —¿No es como si el zorro felicita a las gallinas en año nuevo? No hay buenas intenciones detrás de esto, ¡verdad!
—¿La decisión no está en nuestras manos? ¡Ya sea que caigamos en la trampa o no, depende de nosotros! ¡No rechazamos a nadie! Vamos a verlos! —dije con desdén.
—¡De acuerdo! ¡Tenga cuidado