Al notar a Hernán entrar en la habitación principal, me dirigí directo al vestidor a por el pijama con la intención de ir a la otra a dormir.
Pero él, sin vergüenza, me cerró el paso y me preguntó: —Cariño, ¿a dónde vas?
No pude soportarlo más y, bajando la voz, le grité: —¡Quítate de en medio, o te enfrentarás a las consecuencias!
Él sonrió y respondió: —Oh por favor, no hables así. Mira, no es fácil que estemos juntos, y hace mucho que no tenemos sexo. ¿No te preocupa que tus padres se enojen