Al regresar, Milena encontró su comida servida. Después de comer, las conversaciones tomaron otro rumbo, pero lo que más la entristecía era Blas. Desde que habían regresado, él se había mantenido especialmente callado con ella, evitaba mirarla y parecía absorto en una larga conversación con Sally, quien le relataba los diferentes acontecimientos de su trabajo diario.
En la mente de Blas, las palabras de Milena resonaban una y otra vez. "Realmente fue una mala idea traerla", pensaba con frustrac