Tan pronto como entré en el aula de tercer año, traté de parecer confiado... Una confianza que estaba lejos de sentir.
Esperaba una raqueta y niños. Pero me encontré con caras serias y chicos y chicas que no parecían mucho mayores que yo.
- Buen día. – saludé.
- Puedes sentarte aquí a mi lado. - Escuché la voz del chico de ojos color miel, cabello castaño y una sonrisa simplemente increíble.
Nos miramos el uno al otro durante un rato. Mi corazón latía tan fuerte que sentí que todos lo notaro