Cap. 42: ¿Crees que un simple perdón arregla algo?
Cuando llegaron al centro de detención, caminaron juntos por los pasillos hasta la sala de visitas. Las puertas de metal resonaban a su paso, y cada eco parecía recordarle a María Elena la carga de ese encuentro. Anthony, a su lado, le transmitía una calma que ella agradecía silenciosamente.
Finalmente, cuando la puerta se abrió, un hombre de rostro cansado y serio los miró desde la mesa. Era Luis Díaz, el hombre que había perdido años de su vida tras la condena que ella había defendido. María