-Thomas-
La besé, sí, ahora la estaba besando como me había imaginado tantas veces y aunque Dana se resistía, sabía que en el fondo también lo deseaba. Su cuerpo aferrado al mío era lo que más había anhelado y sentirla suspirar entre cada beso me tenía loco, esto es lo que ambos queríamos y la haría entenderlo, su cuerpo ardía a la par del mío, su corazón latía con la misma intensidad que el mío. Estábamos destinados el uno con el otro y esperaba que lo que iba a hacer no me pasara factura...