196. El despertar de Isabel
196
El despertar de Isabel
Cuando el doctor se marchó, el silencio volvió a reinar en el pasillo. Cada segundo de espera se sentía como una eternidad, pero Julieta sabía que Isabel los necesitaba, y no podía permitirse flaquear ahora.
Pasaron largas horas. Max, que había estado organizando todo, logró que les prestaran una habitación pequeña para que pudieran descansar. También había comprado ropa para cada uno. Sabía que Julieta estaba desgarrada por no poder regresar con su hija, pero tambié