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Isabel abrió los ojos de repente, notando la sombra de Callum sobre ella. Parpadeó, confundida, hasta que sus miradas se cruzaron. Los ojos de Callum estaban oscuros, como chocolate caliente en una noche fría, llenos de un deseo ardiente que hizo que su cuerpo reaccionara de inmediato.
El aire parecía cargado, y el tiempo, suspendido. Isabel sintió un estremecimiento recorrer su piel, como si el calor del agua no fuera suficiente para contrarrestar la intensidad de su mirada.
Si—Cal