118. Hola, pequeña
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El tiempo pasó de una forma extraña en Ginebra. Los días se alargaban, pero al mismo tiempo, las semanas parecían desvanecerse en un suspiro. Cada mañana comenzaba igual: Max tomaba su medicación, y Julieta despertaba con el leve movimiento de su bebé dentro de ella. Ambos habían caído en una rutina donde los pequeños momentos lo eran todo.
Maximiliano había comenzado a leer todo lo que podía sobre ser padre. Los libros se apilaban a su lado, y aunque a veces se le veía agotado por el trata