—No es que te estuviera vigilando, simplemente estaba curioso. Quería ver si Enrique vendría a recogerte. Pero después de esperar varios días, te vi yendo y viniendo cada día por tu cuenta. ¿Qué puedo decir? Era de esperar. Ese chico solo está tras tu herencia y ni siquiera hace el esfuerzo de aparentar —dijo Francisco sosteniendo la copa de vino, golpeando el borde con los dedos de manera placentera.
Isabel no sabía por qué estaba tan contento. ¿Estaba feliz porque la ex no había encontrado una