Cira no había percibido nada cuando sus nervios estaban tensos, pero ahora que se relajaron, comenzó a sentir que su cabeza pesaba mucho.
Se palpó la frente y descubrió que, esta vez, de verdad tenía fiebre.
Pidió medicamento para el resfriado a un camarero, y después de tomárselo, se dirigió a buscar un lugar tranquilo.
En el camino, se cruzó con Enrique, quien le preguntó: —¿No estabas con Morgan?
Cira se quedó atónita por un momento antes de reaccionar. Levantó la mano y señaló al azar hacia