En la mansión de la familia Lirio también se estaba desayunando.
La señora mayor levantó la vista al oír un ruido y vio a Estela bajando las escaleras con Aurora, ambas conversando y riendo.
Las dos mostraban una cercanía que, como Cira había pensado la noche anterior, parecía que habían pasado de ser recién conocidas a íntimas amigas en un abrir y cerrar de ojos.
La señora mayor frunció ligeramente el ceño, pero rápidamente recuperó su compostura: —Gracias, señorita Zavala, por cuidar a Aurora