Cira había terminado su tratamiento intravenoso a las ocho y poco de la mañana y decidió que no tenía sentido quedarse en el hospital. Planeaba regresar al hotel para descansar y arreglarse antes de ir a la oficina por la tarde.
Justo cuando estaba levantando las mantas para levantarse, escuchó en la puerta una melosa y extravagante: —Honey.
Cira frunció el ceño, presintiendo que algo no iba bien, y echó un vistazo detrás de la cortina: ¡tal como sospechaba, era Fermín!
Fermín también la vio y s