Cira se sumió en un sueño profundo y no despertó hasta las siete de la mañana del día siguiente.
Se encontraba en una habitación de hospital para dos personas, separada de la cama contigua por una cortina. A pesar de la barrera, podía oír a los familiares del otro paciente intercambiando palabras de consuelo. En su lado, reinaba un silencio total.
Morgan ya se había ido.
No sabía a qué hora se fue, probablemente durante la noche anterior.
Cira nunca había esperado que el señor Vega se dignara a